En el Mediterráneo, el agua nunca ha sido solo un recurso: ha sido un ritual. Antes de que existiera la piscina tal y como hoy la entendemos, ya existía el aljibe, la alberca, el patio con su fuente central; pequeños depósitos de calma construidos por generaciones que sabían que el agua, aquí, se conserva, se cuida y se celebra. Proyectar una vivienda mediterránea sin pensar en esa herencia es ignorar la razón misma por la que este territorio construye como construye.